Empezare a escribir desde un lugar nuevo, donde los pájaros cantan en invierno y las mariposas se confunden en el viento
Recordare en estas líneas aquellos episodios que llenaron de esperaza mi corazón sin saber si existieron alguna vez, para ser sincera
Cubriré de colores plenos aquellos amaneceres que quisiste controlar y testificare frente al olvido para que conozca la verdadera razón de mi ser y entonces así comprenderán mi pasado aquellas personas que revisen esta carta, si es que algún día cobrara vida este enorme silencio que calla mi alma en pleno invierno
Como parte de esta subsistencia, rescato aquello que guardo en mi mente, que necesito conservar, aquellas miradas tempranas, aquellas palabras matutinas que salían de tu sombra, un perfil que jamás habías conocido.
Y fue así, con lo poco que conformaba a mi alma para mantenerme en pie, que pobre han sido esos días, solo hoy me provocan débiles confusiones, sin la necesidad de quitar de mis ojos una lagrima.
Sin saber de ti, sigo viendo en cada mañana mi reflejo ante el espejo, mis pasos circulan firmes y seguros, no temo dormir ni respirar el atardecer.
Quizás confundí aquello que jamás me diste, seguí las reglas de un juego prohibido, viaje demasiado lejos y llegue a pronunciar voces sin sonido para mis oídos.
Escuche muchas palabras pero descifraba solo algunas, las que a mis dedos se dirigían, las que como piezas de ajedrez deje circular, en el tablero de mis ojos para caer al infinito.
Aún mis pasos te buscan, pero me pierdo entre gente anónima que no sabe pronunciar tu nombre, pero conocen de ti.
Lo se ante en su caminar, pausado y confuso, que los guía a tu persona, y sin poder seguirlos, no logro descubrir la identidad de tu alma cuando no estas conmigo.
Hoy puedes buscarme, yo llame olvido y si algún día me equivoque, no será frente a tu fotografía.
Mis labios saben distinguir el veneno de tus besos que provocaban mis sueños en las noches de verano.
Para mi piel, ya no existe la indiferencia de tu piel, para mis manos la inseguridad de tus manos y mi voz no se halla ante la frialdad de tu voz.
Escribiré desde otro lugar, lejano o cercano, quizás desconocido. Emprenderé un nuevo camino lleno de palabras que no te pronunciarán jamás.
Gisela, Santa Fe - Argentina