El karité es una planta africana, cuyas inmensas bondades, ya eran conocidas antes del siglo XIX a tal punto que ya en esa época se lo denominaba "arbol sagrado" especialmente en las tierras de Mali y Burquina Fasso. Hay quienes afirman que la manteca extraída de su fruto, similar a una nuez, debido a sus intensas bondades ya era aplicada desde 1600-1700 adC.
Su acción antiinflamatoria y emoliente se debe a la presencia de insaponibles. Estas sustancias permiten a las células dérmicas fabricar colágeno. También conllevan una persistencia de los principios activos, para producir elasticidad y tonificación en la piel.
El Karité al ser rico rico en grasas insaturadas, oligoelementos y vitamina A, estimula la formación de nuevas células, acelera los procesos de regeneración, normaliza el resecamiento y atenúa arrugas, mientras que la acción de Vit E como antioxidante natural, proteje de la pérdida de elasticidad y el envejecimiento celular.
Finalmente, cabe destacar la intensa acción hidratante que se logra con la aplicación de este principio activo, ya que los ácidos esenciales que posee, actúan tanto en superficie como en profundidad.
En esta propuesta si bien el karité es la "vedette" del tratamiento, en su aplicación intervienen velos y máscaras que transforman a esta propuesta en la herramienta fundamental para la resolución de pieles estresadas y deslucidas
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